LO SUBLIME Y LA REESTRUCTURACIÓN COGNITIVA

LO SUBLIME Y LA REESTRUCTURACIÓN COGNITIVA
Hace mucho, mucho tiempo, cuando era estudiante universitaria, leí un ensayo que me dejó una honda impresión. Se trataba del tratado de Burke sobre Lo bello y lo sublime. El concepto de lo sublime me sedujo durante años y me atrapó como ningún otro. Supongo que el hecho de ser una persona altamente sensitiva ayudó, pues en aquella época ya había sido “diagnosticada” y, sin embargo, las profesionales que me atendieron me lo explicaron como algo más bien negativo, como una carencia a nivel emocional. Los trabajos de la doctora Elaine Aron aún no habían aterrizado en España y la alta sensitividad era vista como debilidad o, peor, como una carencia en el desarrollo de la inteligencia emocional.
Lo sublime y toda la teoría y la práctica que lo sateliza me acercó un poquito más a mi mundo emocional y fui capaz de entender una parte de mí. Mi alta reactividad emocional y multiempatía me provocaba experimentar lo sublime en situaciones en las que mis amigos apenas sentían un ápice ya no de belleza, sino de nada. El problema era que esa belleza me suscitaba un cúmulo de sensaciones que ni entendía ni lograba sostener. Si tuviera que explicarlo de forma más explícita sería la siguiente: soy una copa de champán y me vierten más líquido del que puedo contener. El contenido, tal cantidad de estímulos estéticos, hacen estallar la forma.
Y lloraba.
Lloraba por lo sublime.
Lloraba porque sentir el universo en un grano de arena no es algo a lo que el cuerpo físico se acostumbre. De hecho, somos seres de luz contenidos en un cuerpo físico pequeñito y denso. Por eso una experiencia estética que roza lo sublime suele ir acompañada de temblores, palpitaciones, sudoración, respiración ahogada, mareos y vértigos. Y lágrimas. Mi cuerpo expulsa toda esa información a través del agua.
Y no os imagináis la rabia que me generaban este tipo de experiencias, porque no recibía feedback de nadie. No conocía a ninguna PAS y nadie sentía lo mismo que yo. Era, no el bicho raro, sino el punto y aparte. Sólo encontré algo de alivio en las lecturas, algo exageradas, del movimiento romántico alemán Sturm und Drang. Mis amigas siguen sin saber que soy PAS. Nunca quise ponerme esa etiqueta por miedo a que los demás pensaran que era una excusa. Soy de las que piensan que la alta sensitividad sólo se puede entender desde dentro. Es como la maternidad, no puedes saber qué es hasta que no te conviertes en madre, por mucha voluntad y empatía que le pongas al asunto. Hay cosas que sólo se pueden entender desde dentro.
Pero algo ha cambiado, pues siento la necesidad de salir de este armario y decir soy PAS, siempre lo he sido y ¿sabes qué?, antes me hubiera dejado morir por no ser PAS, lo escondí, lo ignoré, me convertí en la mujer de hierro durante mi infancia…Nada entraba, nada salía.
…y ahora no me dejo morir sino que mato por ello.
Esta es la reestructuración cognitiva que se produce en algún momento de tu vida cuando aceptas tu alta sensitividad. Ese “click” que te cambia por dentro y por fuera.
Esta soy yo, ¿te vale?

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