HUMO Y EL DISCERNIMIENTO EMOCIONAL

HUMO Y EL DISCERNIMIENTO EMOCIONAL
¿Qué es verdad y qué es mentira?
En el cole me enseñaron que la verdad es aquella información que no puede ser refutada. De modo que, de peque, en mi fuero interno, existía una verdad absoluta que había que perseguir cual Indiana Jones en busca de una reliquia o cual Lara Croft tras un tesoro perdido.
Con el paso de los años mi escuela pasó a ser la vida, mucho más interesante que el colegio y mucho menos indulgente. Ahí aprendí que no hay UNA verdad, sino muchas, y que NADA es absoluto, sino relativo.
También con este andar por la vida he ido cambiando de sendero; si antes pisaba con pie férreo por el suelo de la razón, ahora lo hago por el del corazón. Y me va mucho mejor, la verdad sea dicha y perdón por el juego de palabras.
En estos meses de bombardeo informativo y de plandemia, la mayoría de las veces contradictorio entre sí, no puedo evitar ponerme a escribir sobre el discernimiento. Las noticias (la información) que nos llegan a través de nuestros sentidos despiertan reacciones en nosotros. Es normal. Una emoción, como indica su etimología es e-movere, algo que te incita al movimiento, algo que te remueve. Y somos humanos, tenemos emociones, va con nuestra naturaleza.
Pero no somos seres de humo y así nos lo están haciendo creer. Porque cada vez discernimos un poquito menos. Sobre todo cuando estamos entre multitudes. Hay demasiado ruido, pero ruido del que no se oye y crea distorsión interna: el resultado es que no podemos escucharnos.
Entonces, ¿cómo realizamos la ardua tarea de discernir, de encontrar el grano entre la paja, en estos tiempos de barbecho y manipulación comunicativa?
Desde luego no con la mente.
Me explico:
Hay 3 formas de sentir una emoción (una emoción no deja de ser información a nivel energético): desde la cabeza (léase mente), desde la barriga (léase visceralidad) y desde el corazón (léase eso mismo pero sin sentimentalismo vacuo, sin esa voz de estar tomando una taza de té con el meñique tieso).
Si siento una emoción desde la mente, como la mente es algo que se va construyendo en sociedad a base de programas, de creencias y de paradigmas, puedo caer en el humo.
Si siento una emoción desde la barriga, que es la zona del plexo solar, del tercer chakra, es posible que se produzca una dinámica en la que deje escapar mi energía o posiblemente ceda mi poder. Esa energía irá a parar al humo, por supuesto. Lo alimentará. Las religiones usan algo parecido a esto.
Si siento una emoción desde el corazón y me permito sentirla en toda su expresión, alejada de la mente y de la visceralidad, es muy probable que logre discernir si esa emoción es real o no. Es decir, saber si me pertenece o si estoy siendo programada para sentirla. El corazón no habla con verdades, esas son competencia de la mente, sino con certezas absolutas.
Ahí radica el grano, la reliquia perdida, el tesoro olvidado.
Ahí no puede entrar el humo.
Nuestra capacidad de sentir es sagrada o debería serlo…, pero también puede manipularse. Nuestros sentidos nos engañan y nuestra mente nos autoengaña. Pero, si a esa capacidad sagrada le añades intuición (entendida como PERCEPCIÓN en mayúsculas) y sentido común, voilá, obtenemos claridad.
Y ¿qué es la claridad?, mmm, yo diría que justo lo contrario al humo.
¿no?
Practica el discernimiento emocional desde el corazón antes de que la paja arda y se convierta en más humo.

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